Marco Tulio Cicerón

Marco Tulio Cicerón (I a. C.) nació en Arpino, pequeña ciudad del sur del Lacio, de una familia de clase media; recibió su formación en Roma y la completó en Grecia. Vive en el medio siglo final de la República, época de grandes convulsiones internas: la guerra social que ensangrentó Italia hasta que todos los itálicos consiguieron la ciudadanía romana; las luchas por el poder entre Mario y Sila; la rebelión de los esclavos al mando de Espartaco; la conjuración de Catilina; la guerra civil entre César y Pompeyo. Todos estos sucesos los vive muy de cerca, interviniendo decisivamente en algunos de ellos.
Cicerón, ardiente republicano, desarrolló una actividad intelectual incesante y, a la vez, una actividad política intensa. La incesante actividad intelectual de Cicerón dio de sí una extensa producción literaria que podemos encuadrar, atendiendo a su contenido temático, en cuatro grupos: discursos, obras retóricas, obras filosóficas y cartas:

1. Discursos
Cicerón es el más grande representante de los oradores romanos. En él culmina una larga tradición oratoria, desarrollada y perfeccionada durante la República, en condiciones de libertad política. Sus discursos pueden dividirse en judiciales, pronunciados ante un tribunal, como defensor o acusador; y políticos, pronunciados en el Senado o en el Foro. Veamos, por orden cronológico, algunos especialmente importantes de ambos apartados:

a) judiciales:
In C. Verres: Cicerón defiende a los sicilianos de su gobernador C. Verres, al que acusan de extorsión. Consiguió que el gobernador fuese desterrado.
Pro Lege Manilia o De Imperio Cn. Pompei: Apoya la propuesta de ley del tribuno Manilio en orden a que se conceda a Pompeyo el mando supremo de las tropas romanas en la guerra contra Mitrídates, rey del Ponto.
b) políticos:
In L. Catilinam (Catilinarias): Catilina, candidato al consulado junto con Cicerón, no es elegido. Trama una conjuración para hacerse con el poder y asesinar a sus contrincantes. Cicerón, al tanto de las maquinaciones, pronuncia 4 discursos contra Catilina en el Senado.
In M. Antonium Orationes Philippicae (Filípicas). Pronunciadas contra Marco Antonio. Son 14 discursos.

2. Obras retóricas
Cicerón nos ha dejado los discursos más perfectos y, además, las mejores obras sobre oratoria. Sus principales obras retóricas son las siguientes:
Brutus. Es una historia de la elocuencia en Roma, desde los orígenes hasta su época. Abarca desde la figura de Catón hasta la suya propia. De oratore y Orator. Tratan de la formación del orador y de la técnica del discurso. Cicerón opina que el perfecto orador ha de poseer: disposición natural, cultura profunda y conocimientos de la técnica del discurso. La finalidad de todo discurso no era otra que la de instruir, agradar, conmover y convencer.

3. Obras filosóficas
Dedicado desde muy joven al estudio de la filosofía, Cicerón introdujo en Roma las doctrinas filosóficas griegas, haciendo asequible a los latinos lo que hasta ahora estaba reservado a una élite culta, conocedora del griego. No crea una obra original, pero su gran mérito reside en su capacidad de síntesis, en su claridad expositiva y, muy importante, en la creación de toda una terminología filosófica latina. Cicerón es ecléctico, pero muestra un fervor constante hacia Platón y una constante hostilidad hacia Epicuro. Su obra filosófica se divide en:
a) tratados políticos
De Republica: en seis libros, trata de los tres sistemas de gobierno posibles (monarquía, aristocracia y democracia) y de cómo la República romana es una síntesis de los tres, es decir, la forma de gobierno perfecta. De Legibus: en tres libros, discute los fundamentos del Derecho y estudia las instituciones religiosas y las instituciones públicas de los romanos.
b) tratados morales
Constituyen lo mejor de su obra filosófica y son:
De Officiis (De los Deberes), manual que trata sobre lo honesto y lo útil y de las relaciones y conflictos entre ambos.
De Finibus Bonorum et Malorum (De los Límites de los Bienes y los Males), en el que se contraponen la doctrina epicúrea ("el sumo bien es el placer") y la estoica ("el sumo bien es la virtud").
Tusculanae Disputationes (Tusculanas), que son diálogos con amigos en su finca de Túsculo: se concluye que el hombre sabio o virtuoso no teme a la muerte, ni al dolor, ni a la enfermedad, y su virtud le basta para ser feliz.
De Senectute (Sobre la vejez), Catón, ya anciano, defiende que la vejez no es ninguna desgracia si uno posee la suficiente sensatez.
De amicitia (Sobre la amistad) es un fino y riguroso análisis de la amistad.
c) tratados de religión
De Natura Deorum (De la Naturaleza de los Dioses), que refuta la tesis epicúrea de que los dioses, aunque existen, no se preocupan de los hombres.
De Divinatione (De la Adivinación), donde refuta las creencias de los estoicos en un arte adivinatoria.

4. Cartas 
Como documentos históricos no tienen precio. Permiten seguir la vida política y social del último cuarto de siglo de la República casi día a día. Conservamos cuatro colecciones:
Ad Familiares, 16 libros;
Ad Atticum, 16 libros;
Ad Quintum Fratrem, 3 libros;
Ad M. Brutum, 2 libros.
Lleva a su más alto grado de perfección la prosa. Hablar y escribir bien es para él un deber patriótico. Sus discursos se estudiaban en las escuelas de Roma cuando aún vivía el autor. Su influencia en los escritores latinos posteriores, paganos y cristianos, fue enorme, acrecentándose sin cesar en la Edad Media y alcanzando su cénit en los eruditos del Renacimiento.


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