Los grifos eran monstruos que tenían cuerpo de león, pico de águila y alas. Se considere que tuvieron su origen en Oriente Próximo, pues aparecen en las pinturas y esculturas de los antiguos babilonios, asirios y persas.
Estos seres estaban consagrados a Apolo y custodiaban sus tesoros para protegerlos de los arimaspos (habitantes de un pueblo fantástico, caracterizados por tener un solo ojo y por estar en continuo enfrentamiento con los grifos).
Por otra parte, los antiguos romanos usaban su motivo con propósitos decorativos en frisos y en patas de mesa, altares y candelabros. Además, el motivo del grifo se utilizó en los primeros tiempos del cristianismo en los bestiarios y como gárgolas en la arquitectura gótica de la baja Edad Media. El grifo es también un emblema en la heráldica; por ello, aparece varias veces en escudos de familia y estandartes, ya que representa convencionalmente la fuerza, el valor y la vigilancia.
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