Tanto en Grecia como en Roma, los padres no tenían ninguna obligación moral ni jurídica de aceptar a todos los hijos, por ello, el abandono de recién nacidos era muy habitual. En Grecia, los niños no deseados eran abandonados dentro de una vasija de barro. En Roma, eran dejados en la Columna Lactaria, cerca del templo de la Pietas. Los niños y niñas abandonados podían ser recogidos: por otra pareja que no podía tener hijos para convertirlos en esclavos; en el caso de las niñas, para destinarlas a la prostitución. Los niños deformes o con problemas físicos eran abandonados e, incluso, asesinados. Según Plutarco, en Esparta, los niños débiles eran despeñados por el monte Taigeto.
Los praenomina
En Roma, el varón tenía tres nombres (tria nomina):
• Praenomen: era el nombre propio de cada uno. Algunos podían corresponder al orden en el que nacieron. Por ejemplo: Lucius, Sextus, Aulus, Titus, Quintus, etc.
• Nomen: era el nombre de la gens o familia. Todos los miembros de la familia tenían el mismo nomen. Por ejemplo: el nomen ‘Iulius’ proviene de la familia Iulia; el nomen ‘Aemilius’ proviene de la familia Aemilia, etc.
• Cognomen: en un principio era un ‘apodo’ que se transmitía de padres a hijos. Por ejemplo: Balbus (‘tartamudo’), Paulus (‘el pequeño’), Albus (‘el blanco’), Seneca (‘el viejo’), etc.
En Roma, las mujeres no tenían praenomen, sino que solamente disponían del nomen y cognomen. El cognomen solía ser un numeral para distinguir su posición en el nacimiento. Por ejemplo: Prima, Secunda, Tertia, Maior, etc.
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