Oratoria latina

1. Introducción: controversiae y suasoriae

Entre los romanos, la enseñanza superior, a la que sólo accedían los jóvenes pertenecientes a familias acomodadas y con pretensiones políticas, se impartía en las escuelas de Retórica. En ellas, el rhetor enseñaba a sus discípulos la técnica oratoria. Los alumnos componían, memorizaban y recitaban discursos sobre temas ficticios. El maestro corregía la pronunciación, el tono de voz, los gestos y cuantos defectos observase. Estos ejercicios escolares recibían el nombre de suasoriae y controversiae.

Las suasoriae, ejercicios para principiantes, eran consultas imaginarias hechas a personajes históricos o mitológicos, que deben explicar las razones que les inducen a tomar una decisión en un momento determinado. Las controversiae, en cambio, eran prácticas oratorias destinadas a alumnos de nivel más avanzado y tenían generalmente un contenido jurídico. Estos ejercicios contribuían a desarrollar la agilidad mental, la facilidad de palabra y la capacidad dialéctica del alumno y le daban la disciplina necesaria para exponer los argumentos del modo más adecuado. Eran el entrenamiento del futuro abogado o político, que pronto tendría que enfrentarse con los problemas de la vida real.

Con la instauración del régimen imperial cesaron las rivalidades electorales, con la consiguiente disminución de la actividad oratoria. La retórica se refugió en las escuelas, en las que se terminó convirtiendo en simple ejercicio académico.


2. Cicerón

Marco Tulio Cicerón (I a. C.) nació en Arpino, pequeña ciudad del sur del Lacio, de una familia de clase media; recibió su formación en Roma y la completó en Grecia. Vive en el medio siglo final de la República, época de grandes convulsiones internas: la guerra social que ensangrentó Italia hasta que todos los itálicos consiguieron la ciudadanía romana; las luchas por el poder entre Mario y Sila; la rebelión de los esclavos al mando de Espartaco; la conjuración de Catilina; la guerra civil entre César y Pompeyo. Todos estos sucesos los vive muy de cerca, interviniendo decisivamente en algunos de ellos.

Cicerón, ardiente republicano, desarrolló una actividad intelectual incesante y, a la vez, una actividad política intensa. La incesante actividad intelectual de Cicerón dio de sí una extensa producción literaria que podemos encuadrar, atendiendo a su contenido temático, en cuatro grupos: discursos, obras retóricas, obras filosóficas y cartas:

  • Discursos. Cicerón es el más grande representante de los oradores romanos. En él culmina una larga tradición oratoria, desarrollada y perfeccionada durante la República, en condiciones de libertad política. Sus discursos pueden dividirse en judiciales, pronunciados ante un tribunal, como defensor o acusador; y políticos, pronunciados en el Senado o en el Foro. Veamos, por orden cronológico, algunos especialmente importantes de ambos apartados:

        • judiciales:

          • In C. Verres: Cicerón defiende a los sicilianos de su gobernador C. Verres, al que acusan de extorsión. Consiguió que el gobernador fuese desterrado.

          • Pro Lege Manilia o De Imperio Cn. Pompei: Apoya la propuesta de ley del tribuno Manilio en orden a que se conceda a Pompeyo el mando supremo de las tropas romanas en la guerra contra Mitrídates, rey del Ponto.

        • Políticos:

          • In L. Catilinam (Catilinarias): Catilina, candidato al consulado junto con Cicerón, no es elegido. Trama una conjuración para hacerse con el poder y asesinar a sus contrincantes. Cicerón, al tanto de las maquinaciones, pronuncia 4 discursos contra Catilina en el Senado.

          • In M. Antonium Orationes Philippicae (Filípicas). Pronunciadas contra Marco Antonio. Son 14 discursos.

  • Obras retóricas. Cicerón nos ha dejado los discursos más perfectos y, además, las mejores obras sobre oratoria. Sus principales obras retóricas son las siguientes:

          • Brutus. Es una historia de la elocuencia en Roma, desde los orígenes hasta su época. Abarca desde la figura de Catón hasta la suya propia.

          • De oratore y Orator. Tratan de la formación del orador y de la técnica del discurso. Cicerón opina que el perfecto orador ha de poseer: disposición natural, cultura profunda y conocimientos de la técnica del discurso. La finalidad de todo discurso no era otra que la de instruir, agradar, conmover y convencer.

  • Obras filosóficas. Dedicado desde muy joven al estudio de la filosofía, Cicerón introdujo en Roma las doctrinas filosóficas griegas, haciendo asequible a los latinos lo que hasta ahora estaba reservado a una élite culta, conocedora del griego. No crea una obra original, pero su gran mérito reside en su capacidad de síntesis, en su claridad expositiva y, muy importante, en la creación de toda una terminología filosófica latina. Cicerón es ecléctico, pero muestra un fervor constante hacia Platón y una constante hostilidad hacia Epicuro. Su obra filosófica se divide en:

        • Tratados políticos.

          • De Republica: en seis libros, trata de los tres sistemas de gobierno posibles (monarquía, aristocracia y democracia) y de cómo la República romana es una síntesis de los tres, es decir, la forma de gobierno perfecta.

          • De Legibus: en tres libros, discute los fundamentos del Derecho y estudia las instituciones religiosas y las instituciones públicas de los romanos.

        • Tratados morales. Constituyen lo mejor de su obra filosófica y son:

          • De Officiis (De los Deberes), manual que trata sobre lo honesto y lo útil y de las relaciones y conflictos entre ambos.

          • De Finibus Bonorum et Malorum (De los Límites de los Bienes y los Males), en el que se contraponen la doctrina epicúrea ("el sumo bien es el placer") y la estoica ("el sumo bien es la virtud").

          • Tusculanae Disputationes (Tusculanas), que son diálogos con amigos en su finca de Túsculo: se concluye que el hombre sabio o virtuoso no teme a la muerte, ni al dolor, ni a la enfermedad, y su virtud le basta para ser feliz.

          • De Senectute (Sobre la vejez), Catón, ya anciano, defiende que la vejez no es ninguna desgracia si uno posee la suficiente sensatez.

          • De amicitia (Sobre la amistad) es un fino y riguroso análisis de la amistad.

        • Tratados de religión:

          • De Natura Deorum (De la Naturaleza de los Dioses), que refuta la tesis epicúrea de que los dioses, aunque existen, no se preocupan de los hombres.

          • De Divinatione (De la Adivinación), donde refuta las creencias de los estoicos en un arte adivinatoria.

  • Cartas. Como documentos históricos no tienen precio. Permiten seguir la vida política y social del último cuarto de siglo de la República casi día a día. Conservamos cuatro colecciones:

        • Ad Familiares, 16 libros;

        • Ad Atticum, 16 libros;

        • Ad Quintum Fratrem, 3 libros;

        • Ad M. Brutum, 2 libros.

Lleva a su más alto grado de perfección la prosa. Hablar y escribir bien es para él un deber patriótico. Sus discursos se estudiaban en las escuelas de Roma cuando aún vivía el autor. Su influencia en los escritores latinos posteriores, paganos y cristianos, fue enorme, acrecentándose sin cesar en la Edad Media y alcanzando su cénit en los eruditos del Renacimiento.


3. Quintiliano

Marco Fabio Quintiliano nació en Calagurris (Calahorra s. I), en la Hispania Tarraconense; llegó en Roma a ser abogado famoso y abrió allí una escuela de retórica. El emperador Domiciano le confió la educación de sus sobrinos y Trajano le honró con su amistad.

Su obra De institutione oratoria, tratado en doce libros acerca de la formación del orador, fue escrita al final de toda una vida consagrada plenamente a la práctica judicial y al profesorado. En este tratado aborda un programa completo y detallado de la formación del orador, desde que nace hasta que llega al cénit de su carrera.

A pesar de su admiración por Cicerón, no copia servilmente su estilo, sino que escribe en la lengua complicada de su época, llena de metáforas, de rasgos ingeniosos y de imágenes brillantes, en un intento de hacer más expresivo su pensamiento. Hereda, pues, la influencia de los autores postclásicos y, sobre todo, de Séneca en la prosa latina.

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