La vivienda en Roma (domus)

En Roma, durante el primer período republicano, las casas romanas (domus) estaban formadas por un corredor de acceso que conducía a un patio central (atrium), con el tejado inclinado hacia el interior (compluvium) para recoger mejor el agua de la lluvia en un aljibe (impluvium) comunicado con una cisterna; en torno al patio estaban dispuestas las habitaciones (cubicula) y una sala principal (tablinum). Una de las estancias, el vesti bulum, acabó convirtiéndose en la habitación del dueño y su lugar de ocio. Finalmente, se encontraba la cocina (culina), las despensas y zonas de servicio y los baños (balnea). 

En el trascurso del siglo II a. C. esta estructura se amplió con al incorporación de un segundo núcleo inspirado en los modelos griegos: alrededor de un pórtico con columnas (peristylum) se acondicionan comedores, salas de estar, salas de recibir, etc. Las influencias griegas se manifestaron en la arquitectura doméstica de la clase dominante y las ricas domus aristocráticas incluso superaban los palacios coetáneos de príncipes helenísticos. Se introdujo también el lujo en la decoración: los mosaicos ganaron el terreno y las paredes se decoraron con frescos, estucos y mármoles. Durante el período imperial, el término domus pasó a designar las lujosas moradas aristocráticas provistas de termas privadas, revestidas de mármol y decoradas con estatuas.

La principal y más estructurada fuente de información sobre la arquitectura doméstica es Vitrubio, ingeniero militar de César, en su obra De architectura. El tratado de Vitrubio toma en consideración las diversas técnicas constructivas, la división de los espacios internos y la función de cada habitación y, además, proporciona un panorama exhaustivo de las viviendas de la clase dirigente al final de la República.

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