Nacido en Pérgamo en el año 129, era miembro de una familia acomodada y se formó como médico en esta localidad y en Alejandría, entre otras ciudades griegas. Ejerció luego en su ciudad natal, donde fue nombrado médico de los gladiadores. Luego fue a Roma y allí permaneció durante tres décadas, siendo solicitado por el emperador Marco Aurelio, hasta poco antes de su muerte sobre el año 201/216.
Galeno fue un autor extraordinariamente prolífico y complejo que supuso un verdadero hito en la historia de la medicina occidental y establece un punto de referencia en la medicina antigua. Escribió casi cuatrocientas obras, de las que se conservan ciento cincuenta, en las que está la síntesis del saber médico antiguo, aunque con importantes aportaciones originales, tanto en el campo de la anatomía y la fisiología como del estudio de las enfermedades y su tratamiento. Ofrecen, además, una versión actualizada de la tradición hipocrática que volvía a conceder primacía a las alteraciones humorales, mientras que solamente incorporó elementos asilados de las doctrinas de las otras escuelas, a las que criticó severamente. Como no podía ser de otra manera, al nombre y autoridad de Galeno van atribuidas muchas obras compuestas en épocas posteriores, sobre todo en la Edad Media y en el Renacimiento, que conforman toda una literatura pseudoepígrafa que a menudo ha corrido pareja a la producción genuina de Galeno.
Las contribuciones anatómicas de Galeno corresponden a los huesos y a los músculos y, en menor medida, al sistema nervioso y a otras estructuras. Fue, por otra parte, un brillante experimentador. Demostró, por ejemplo, las pérdidas de sensibilidad y las parálisis que sobre vienen después de la sección de determinados nervios o de la médula espinal a distintos niveles y aclaró que la orina se forma en los riñones y no en la vejiga, frente a lo que había afirmado Asclepíades. Ello no debía hacer pensar que Galeno tenía una mentalidad científica moderna; por el contrario, como todos los médicos antiguos, confiaba más en la capacidad discursiva de la razón que en los datos proporcionados por los sentidos. En consecuencia, su fisiología es fundamentalmente de carácter especulativo.
Algo semejante hemos de decir de sus doctrinas relativas a las enfermedades y al tratamiento de las mismas. Fue un agudo clínico que describió acertadamente muchas enfermedades; así, por ejemplo, diferenció la pulmonía de la pleuresía, y la hemoptisis (expectoración de sangre) de la hematemesis (vómito de sangre), y explicó la pérdida del sentido del tacto en quien había sufrido una pequeña fractura de la columna vertebral. No obstante, su interpretación de las enfermedades consiste básicamente en una especulación en torno a las alteraciones de los humores, localizadas en las distintas partes del cuerpo. También el tratamiento tiene como principal objetivo proporcionar medios que ayuden al organismo a corregir dichos trastornos humorales.
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