Astronomía en la Antigüedad Clásica

El origen del conocimiento e interés hacia la astronomía difícilmente se puede separar de la propia percepción del entorno inmediato en el que el hombre desarrolla su experiencia vital y, por ello, debe hacerse coincidir con el origen de la preocupación humana hacia el mundo en que vive.

En cambio, el origen de la ciencia y la investigación astronómica, es decir, de la ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros y principalmente a las leyes que regulan sus movimientos, implica un proceso de análisis racional acerca de aquellas cuestiones derivadas primero de la experiencia factual y, luego, de la especulación teórica.

Los pueblos egipcio, babilónico y asirio poseían un amplio bagaje de conocimientos astronómicos organizados y sistematizados, y esto es algo aceptado generalizadamente por todos los estudiosos. Sin embargo, que estos pueblos fueran poseedores de una ciencia astronómica como tal es una cuestión más discutida. De igual forma, es objeto de controversia la determinación de qué época alcanzó la astronomía realmente su status de ciencia en estos pueblos.

En el mundo griego las primeras muestras explícitas de conocimientos astronómicos aparecen entrelazadas con la tradición legendaria. En cuanto a la Grecia de los presocráticos, la consideración de naturaleza (φύσις) abarcaba al entorno físico en su globalidad y en este sentido aspiraba a una comprensión de la fenomenología astronómica y de la configuración estructural del cosmos. Son muchos los nombres conocidos de los presocráticos que abarcaron estos conocimientos: Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Parménides, etc. Sin embargo, el mérito de ser el más grande astrónomo del mundo antiguo recae sobre la figura de Hiparco de Nicea, que vivió en el siglo II a. C.

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