Las termas

El lugar preferido de los romanos para su esparcimiento y reuniones eran las termas. Allí acudían al atardecer todos los hombres –las mujeres iban por las mañanas– al terminar su trabajo en el campo, la ciudad o el Foro. Charlaban con los amigos, se comentaban los últimos rumores políticos, paseaban, hacían gimnasia y se bañaban. Era un lugar espléndido: baños de agua caliente, fría, vapor, salas para unciones de aceite y habitaciones privadas para que los esclavos dieran masajes a sus amos. Las termas podían ser públicas, propiedad de alguna asociación de bañistas, o incluso de algún particular. Se abrían a media mañana, cerraban cuando se hacía de noche y poseían distintos horarios para hombres y para mujeres, aunque podían acogerlos simultáneamente, si eran lo suficientemente grandes para tener dobles instalaciones y espacios separados para ambos sexos. Aunque el aspecto y la capacidad de las termas variasen de un sitio a otro, siempre presentaban las siguientes disposiciones esenciales:

- apodyterum: sala para vestirse y desvestirse, provista de bancos y fornículas para guardar la ropa.
- caldarium, tepidarium y frigidarium: eran tres salas que comunicaban entre sí, destinadas respectivamente a ofrecer baños calientes, tibios o fríos.
- unctorium: sala destinada a las fricciones o masajes.
- laconicum: sala destinada a los baños de vapor.

Las termas, para calentar el agua y producir vapor, tenían calderas instaladas en el sótano o en un extremo del edificio, que se alimentaban con carbón de leña y servían para calentar los grandes depósitos de agua. El sistema de calefacción se denominaba hypocaustum: espacio muerto que medía alrededor de medio metro y estaba situado al lado de la caldera, entre el suelo de la calle y el pavimento de las termas. Los vapores desprendidos en la combustión de la caldera, atravesaban el hipocausto y subían por una tuberías hechas de arcilla, encajadas en las paredes del edificio, gracias a lo cual se mantenían calientes el caldarium, el tepidarium y el laconicum

Frigidarium, Alma-Tadema


Pero este conjunto, pensado inicialmente para cumplir una simple función higiénica, fue ampliando sus instalaciones. Las termas fueron el lugar escogido por los romanos para practicar el ejercicio físico, por lo que era corriente que incluyese una palaestra o espacio destinado a ejercitarse en la lucha. Algunas también poseían estadios para correr, sitios para jugar a la pelota o incluso piscinas de agua fría para practicar la natación. Convertidas en centros de reunión, añadieron nuevos atractivos para los bañistas: antecámaras para los esclavos, salas de espera, restaurantes y tiendas, bibliotecas, salas de lectura y lugares para pasear.

Las Termas Stabianas fueron una de las tres grandes termas que existían en Pompeya. Tenían una sección para hombres y otra, más pequeña, para mujeres. Después de desnudarse, los hombres podían bañarse o hacer ejercicios en la palaestra, donde se practicaban diversos juegos: el más famoso era una especie de bolos que se jugaba en una avenida pavimentada junto a al piscina grande.

En una sociedad como la romana, que había hecho del baño un ritual, la construcción de termas fue para los personajes públicos un modo de conseguir popularidad. Emperadores como Tito, Carcalla o Diocleciano quisieron unir sus nombres a este tipo de instalaciones que gozaban de tanta aceptación. Poco podemos imaginarnos cómo eran en realidad estas termas, aunque sabemos que, como en todas las demás, el suelo de piedra estaba cubierto por mosaicos y el techo tenía forma aboveda en todas sus habitaciones. Decoradas con mármol y centenares de estatuas, ofrecían una cantidad de servicios enorme y, en la actualidad sólo encontrarían su equivalente en los clubs deportivos más suntuosos.

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