Las
heteras eran cortesanas educadas desde muy jóvenes para acompañar a
los hombres donde sus esposas o concubinas no podían ir, como es el
caso de los simposios, donde se les permitía dar su opinión
política o filosófica. Eran las únicas mujeres que podían acceder a una notable educación, que, en algunos casos era tan o, incluso, más completa que la de los hombres; por eso, su preparación y bagaje intelectual era muy superior a la de las demás mujeres griegas.
Bajo la flor que cuelga de la rama, Godward
Estas
mujeres seducían más por su inteligencia que por su físico.
Aquello que distinguía a las heteras de las prostitutas era su
educación, ya que también podían realizar transacciones
comerciales y poseer bienes –hecho que estaba prohibido para una
esposa legítima–, sin embargo, no dejaban de trabajar del sexo.
Es
importante citar el ejemplo de la hetera Aspasia, amante de Pericles,
quien según algunos antiguos acabó convirtiéndose en la mujer de
este. En los círculos sociales de la antigua Grecia, Aspasia era
conocida por su capacidad retórica y elocuencia, además de su
belleza física, consiguiendo la admiración y respeto de filósofos,
artistas y políticos del momento.

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