Venationes o lucha de fieras

  

    Tuvieron una gran aceptación en Roma. Fieras raras y exóticas eran traídas de países lejanos, transportadas en barcos o carros para ser sacrificadas en estos cruentos espectáculos. Llegaban hipopótamos y cocodrilos del Nilo, elefantes de Libia, leones de Tesalia, tigres de Hircania, osos del Danubio y un sinfín de variadas especies de otros lugares.

   Los autores y los propios monumentos nos indican varias clases de venationes: las había inofensivas, que consistían en representaciones de fieras amaestradas y de animales domesticados, perfectas para romper la monotonía de las carnicerías humanas. También había duelos a muerte entre fieras salvajes, estas luchas eran terribles y el pueblo seguía con emoción estas peleas de ataques y defensa, que enfrentaban elefantes con rinocerontes, osos contra toros, tigres contra leones… para despertar más la fiereza de estos animales se les acuciaba con aguijones y fuego. Las había repugnantes, en las que los hombres, protegidos tras unas rejas o a la altura del palco imperial, disparaban sus flechas contra las fieras que rugían de furioso dolor y anegaban la arena con la sangre de su vil matanza. Las había emocionantes, a menudo embellecidas con un decorado silvestre dispuesto en la arena que ennoblecía el valor y la destreza de los gladiadores, en las que realmente arriesgaban su vida luchando contra toros, osos, panteras, leones, leopardos y tigres. Pero también, los había que salían rodeados por una jauría de perros y armados con antorchas encendidas, venablos, arcos, lanzas y puñales, de modo que no corrían mucho peligro.  

    Al final del espectáculos, sólo sobrevivían la mitad de las fieras, la otra mitad había desaparecido devorada. En los juegos organizados por el emperador Tito para conmemorar la inauguración del Coliseo, se sacrificaron en un sólo día 5.000 bestias salvajes.



Mosaico de escena de gladiadores y bestiarii 

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